
Trabajar en el ámbito de la educación no formal exige una gran flexibilidad y creatividad para responder a las necesidades y demandas de los colectivos que participan en las actividades programadas.
Estimula nuestro potencial para crear e innovar utilizando estrategias y técnicas para generar ideas, además es aplicable a nuestra vida personal y profesional.
Si practicamos la creatividad en nuestro hacer, tanto cuando planificamos como cuando ejecutamos actividades o evaluamos nuestro programas, podremos también promover la creatividad de los niños, niñas, jóvenes, adultos y mayores, ya que estará implícito en nuestra acción educativa.